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MAURICIO LORCA |
El vino, más allá de su carácter sensorial, es el resultado de un proceso donde ciencia, técnica y sensibilidad se combinan. En el caso del enólogo Mauricio Lorca, esa conjunción se traduce en una filosofía de trabajo que prioriza el conocimiento, el control y la responsabilidad por encima de las tendencias. Desde sus proyectos en Argentina y España, el viticultor expone las tensiones entre calidad, accesibilidad y competitividad.
Lejos de ser solo un objeto de consumo o una pieza artística, para Lorca el vino es un alimento que requiere protocolos estrictos, un control científico riguroso y, a la vez, una cuota indispensable de intuición y sensibilidad en su elaboración. Desde la elección de la cosecha hasta el manejo de la barrica, cada decisión marca la diferencia entre un vino común y uno de alta gama.
El desafío de elaborar vinos en Galicia y su comparación con Mendoza
Desde hace más de cinco vendimias, Mauricio Lorca desarrolla un proyecto vitivinícola en Galicia, una región del noroeste español que lo cautivó desde el inicio. Pero más allá del paisaje, lo que encontró fue un territorio complejo y desafiante para el cultivo de la vid: “Tuve que ponerme a estudiar, a reentender cómo íbamos a elaborar y reescribir nuestros protocolos”.
Mauricio Lorca, enólogo mendocino con proyectos en España, adapta protocolos según cada terroir con mirada científica.
La viticultura en Galicia está fuertemente condicionada por el clima y la geografía. “Hay influencia marítima, tenés los ríos que influyen bastante porque regulan bastante la temperatura. Nunca la máxima es muy máxima ni la mínima es muy mínima”, explica Lorca. Los viñedos están en terrazas, y los suelos son mayoritariamente graníticos y de pizarra. Además, el régimen de lluvias determina el ritmo de la vid: “Durante todo el invierno llueven prácticamente setecientos milímetros. Olvidate de regar”.
La cosecha es totalmente manual. “Acá no podés meter máquina. Esto es viticultura heroica”, dice, usando el término con el que se conoce esta práctica en la Ribeira Sacra. Las pendientes hacen imposible la mecanización, salvo algunos rieles para bajar las cajas. “Llevamos carritos de cincuenta cajas, vamos de a occientos o novecientos kilos de uva. De este primer vino hacemos ocho mil botellas”. En cuanto a etiquetas y precios, Lorca menciona: “El vino Calma Indómita, variedad Albarín, está alrededor de los quince mil pesos. Y el Espíritu Indómito es un vino de veintitrés mil pesos”.
Desafíos estructurales que limitan la competitividad argentina
Lorca es categórico cuando habla de las barreras que enfrenta Argentina para competir en el mercado global. “Argentina no entiende lo que es comercializar, estamos lejos del mundo”, sostiene, señalando que los costos internos y la carga impositiva son pesadas.
Critica duramente impuestos como ingresos brutos y cargas a la exportación que afectan la competitividad del vino argentino en el exterior. “Cargar un impuesto a la exportación de vino embotellado es una locura, más aún cuando tiene valor agregado”, afirma.
Estos obstáculos estructurales dificultan que los productores puedan posicionarse con mejores precios sin sacrificar calidad. “Nuestra competitividad está dañada por cuestiones que no dependen de los productores sino del sistema económico y regulatorio”, asegura Lorca.
Para él, la solución pasa por que los gobiernos entiendan que la competencia mundial exige condiciones adecuadas para exportar. “Si no estás a la altura con las herramientas que tiene el mundo, te cuesta mucho vender”, concluye.
Innovación en vinos de baja graduación para mercados exigentes
Respecto al mercado británico, un proyecto reciente surgió de una conversación con un importador que buscaba vinos más ligeros y de menor graduación alcohólica. “Diseñamos el protocolo, armamos las variedades y ya lo importó”, señala con optimismo sobre esta nueva línea que podría responder a tendencias globales y necesidades específicas.
El vino, elaborado a partir de uvas criolla y Pedro Giménez del Este mendocino, tiene apenas 8,5 grados de alcohol. La decisión de utilizar estas variedades responde a su perfil fresco y liviano, ideal para este estilo. Lorca destaca la rapidez de producción como una ventaja: “Cosechamos en enero y embotellamos en abril, para llegar al verano europeo con vinos frescos y competitivos, algo financieramente muy interesante para una bodega”..
El precio estimado para estos vinos en góndola será de unos 13 pounds, aproximadamente 17 dólares, lo que los posiciona competitivamente. “Desde el punto de vista financiero para una bodega es muy interesante porque se venden rápido”, agrega Lorca.
Exportación y comercialización: oportunidades y barreras para el vino argentino
En la experiencia de Lorca, la exportación de vinos, tanto argentinos como españoles, responde a oportunidades concretas y a la demanda de mercados regionales. “Empezamos a traer vinos que hacemos en España porque los clientes nos lo pedían”, comenta. Sin embargo, aclara que las cantidades son limitadas porque su objetivo no es crecer masivamente sino posicionarse con productos de calidad.
“El arte está en el corte, pero todo lo demás es ciencia”, dice Lorca, que prioriza el control técnico por encima de modas o discursos.
Respecto al mercado británico, un proyecto reciente surgió de una conversación con un importador que buscaba vinos más ligeros y de menor graduación alcohólica. “Diseñamos el protocolo, armamos las variedades y ya lo importó”, señala con optimismo sobre esta nueva línea que podría responder a tendencias globales y necesidades específicas.
Lorca destaca la rapidez de producción como una ventaja: “Cosechamos en enero y embotellamos en abril, para llegar al verano europeo con vinos frescos y competitivos, algo financieramente muy interesante para una bodega”. Esta agilidad permite aprovechar ventanas de mercado específicas y asegurar la frescura del producto.
Sin embargo, la competitividad de Argentina está afectada por cuestiones estructurales. “Argentina no entiende lo que es comercializar. Cargarle un impuesto a la exportación de vino embotellado es una locura”, critica. Para Lorca, la falta de políticas adecuadas y la presión impositiva limitan el potencial de expansión internacional del vino argentino, aunque el producto en sí tenga calidad para competir en el mundo.
La conjunción entre ciencia y arte en la elaboración del vino
Mauricio Lorca sintetiza la elaboración del vino en una combinación indispensable de ciencia y arte. “Primero, estamos en la categoría alimento, tenemos que dar garantía de lo que hacemos”, afirma, enfatizando la necesidad de protocolos, controles y tecnología para asegurar la calidad y evitar defectos.
Al mismo tiempo, Lorca reconoce el espacio del arte en la producción: “Cuando está trabajando el corte, la decisión de cosecha, el tipo de maduración, ahí empieza a jugar tu percepción personal”. Es esa intuición la que aporta las diferencias entre vinos con mismos componentes, reflejando la impronta del creador.
Sin embargo, advierte que no se pueden “transformar los defectos en virtudes”. El rigor científico y tecnológico es fundamental para no caer en errores que perjudiquen al producto y a la marca. “Nosotros limpiamos, trabajamos, ordenamos, protocolizamos, sabemos lo que hacemos y definimos todos nuestros parámetros”, dice.
Para Lorca, la excelencia en el vino nace de este equilibrio entre la precisión científica y la creatividad artística, sumada a la eficiencia comercial. “Es ciencia y arte, pero no podemos transformar los defectos en virtudes”, concluye.
El autor de vinos defiende que la creatividad artística en el vino debe estar siempre sustentada en el conocimiento y la ciencia. “El compromiso técnico no está reñido con la creatividad, pero sí exige responsabilidad. La ciencia es la base que sostiene toda decisión posterior”.
Fuente: Melisa Sbrocco Guarda 14